Agotadoras sesiones de entrenamiento con incontables series de abdominales o innumerables horas de cardio. No merece la pena que eches a perder todo el esfuerzo que has realizado a lo largo del año por esos “pecadillos” dietéticos propios del buen tiempo, en forma de barbacoas o de esas tapas tan ricas que nos sirven en el chiringuito de la playa. El chitosán te puede ayudar a evitar los estragos que esos excesos podrían acabar jugándole a tu figura.

Es bastante común que con la llegada del buen tiempo relajemos un tanto nuestra rutina dietética o que incluso aparquemos temporalmente nuestros hábitos de entrenamiento. El sol nos invita a disfrutar de determinados placeres gastronómicos como una buena barbacoa o unas deliciosas tapas acompañadas de unas refrescantes cervezas; excesos que durante el resto del año tratamos de reducir a su mínima expresión y que ahora pueden jugarle una mala pasada a esa figura que tanto esfuerzo nos ha costado conseguir.

Para tratar de minimizar ese impacto puntual, el chitosán es un aliado perfecto por su capacidad para evitar la absorción de la grasa ingerida con los alimentos.

Un eficaz “atrapa grasas”

El chitosán, al que también se conoce como quitosano, es un aminopolisacárido que deriva de la chitina, que se obtiene del plancton y de los exoesqueletos o caparazones de determinados crustáceos marinos como el camarón, la langosta o el cangrejo. Posee la capacidad de atrapar la grasa en el interior del tubo digestivo, para que no sea absorbida por el organismo.

Este polímero natural vendría a actuar a semejanza de una esponja, formando un agregado que ni se absorbe ni se digiere y que, al llegar al estómago y encontrarse en un medio ácido, atrae los lípidos presentes en él, para eliminarlos posteriormente por las vías naturales. De este modo, una parte de la grasa ingerida a través de la alimentación, al ser atrapada por el chitosán, se transforma en no absorbible y, por tanto, no aporta ninguna caloría. Hasta cinco veces su propio peso en grasa puede llegar a captar el chitosán e inhibir la absorción de entre un 15 y un 20 por ciento de la grasa consumida a través de la alimentación.

No obstante, es necesario precisar que sería erróneo pensar en el chitosán como en una solución adelgazante y que tomándolo es posible comer de todo. No es así: su efectividad se manifiesta como capturador de grasa, por lo que sería innecesaria su utilización en el caso de quienes siguen una dieta baja en grasas, ni tampoco va a destruir las grasas acumuladas, sino que va a actuar directamente sobre las que se ingieren, que se adhieren a su fibra y son expulsadas a través de las heces.

Efectividad puesta a prueba

Uno de los más recientes estudios que ha puesto a prueba la eficacia del chitosán sobre las grasas fue realizado en 2015 por investigadores taiwaneses, que analizaron su papel sobre la lipogénesis en ratas a las que se había inducido obesidad mediante una dieta rica en grasas.

Entre otros hallazgos, los resultados mostraron que el chitosán aumentaba significativamente el ritmo de la lipólisis o movilización de grasas, un proceso metabólico por el que los lípidos del organismo se transforman en ácidos grasos y glicerol, con los que cubrir las necesidades energéticas. Y, asimismo, también disminuía la acumulación de triglicéridos, el principal tipo de grasa que se encuentra en la sangre, cuyos altos niveles se asocian a un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Pero el potencial del chitosán no se reduce a sus propiedades como “atrapa grasas”; en 2016, científicos del Colegio Universitario de Dublín, en Irlanda, realizaron un estudio para contrastar su acción contra la obesidad, del que concluyeron que también presenta potencial como saciante, por lo que podría resultar de utilidad para controlar el apetito.

Por tanto, si pensamos hacer algún exceso con alimentos ricos en grasas saturadas como fritos, carnes rojas, embutidos o salsas como la mayonesa, el chitosán puede ser un excelente aliado para que estos “pecadillos” dietéticos no acaben por jugarnos una mala pasada.